La obsesión del intérprete II

¡Lo prometido es deuda! Para concluir el ciclo “La obsesión del intérprete”, analizaré el film Cuatro minutos (Vier minuten), de Chris Kraus. Es una peli del 2006, una de mis favoritas. Obligado verla!

La historia acontece en una cárcel de mujeres alemana, en la cual trabaja la veterana pianista Traude Krüger, que da clases de piano a las reclusas. El descubrimiento del extraordinario talento musical de una alumna será un revulsivo para su vida y pese a las dificultades para hacer entrar en razón a la talentosa Jenny (una joven muy violenta, acusada de asesinato y con una irascibilidad y rebeldía casi patológicas) logrará poco a poco y a duras penas impartirle las clases deseadas. Traude está convencida de que Jenny puede ganar el premio de un importante certamen musical.

El film es completamente desgarrador, la violencia física es palpable y la violencia musical sublime. La relación maestra – alumna es casi destructiva, pues la profesora Krüger tiene un carácter duro, forjado por el horror y la soledad, la perdida… Jenny tiene un espíritu indomable, descontrolado y desconfiado, pues la vida ha sido injusta con ella, el sistema ha fallado. El tortuoso camino de la educación ayuda a Jenny a controlar toda su tensión. Krueger decide apoyar su alumna para que participe en un importante certamen para jóvenes intérpretes.

Finalmente, con la ayuda de Krueger, Jenny consigue escapar de la cárcel y en el momento de su actuación, solo tiene permitido tocar 4 minutos. Las imágenes son muy impactantes, mientras ella espera su turno, el edificio es rodeado por centenares de fuerzas antidisturbios.  Cuando sube al escenario, decide desviarse del programa, para tocar una composición única con variaciones sobre la obra de Schumann y música contemporánea, la improvisación impacta por su furioso final que culmina en una inesperada y brillante orgía musical. La música es un elemento fundamental que preside la mayoría de las escenas del film, no sólo en relación con el argumento sino como forma de mostrar la cara que presentan las protagonistas al mundo y el contraste vital y generacional entre ellas: música clásica de Mozart, Beethoven y Schumann, para la maestra y música rítmica, intensa y salvaje (compuesta para la película por Annette Focks) para Jenny.

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