Nos queda una puerta entreabierta

Los sueños son pequeñas ventanas de la realidad que nos permiten respirar del agetreado día a día. Y por esa libertad de soñar, por una de las pocas cosas que no pueden cobrarnos ni oprimirnos, escribí esta poesía, como tantas otras veces, en un momento de arrebato, de estar harta de esta sociedad que se cree la mejor y que las tradiciones y el ser mayor, te da la experiencia de decir las cosas como son, cuando en verdad, los seres adultos (si podemos considerarnos como tales) somos ignorantes, irresponsable e incoherentes.

Me gustan los ojos que expresan
la sonrisa que me mira de cerca.
Me gustan las palabras silenciosas
que me dices cuando estamos asolas.

En un rincón del colchón
miro por la ventana la brisa que mece la rama
cerrando los ojos, suspirando por la libertad
que goza el viento a sus anchas.

Gasto mi tiempo pensando en qué hacemos
parados entre 4 paredes
que encierran lo poco que me queda
del norte que voy buscando siempre.

Quizás todavía quede una puerta
que el destino haya dejado entreabierta
un camino que no se cierre para ti,
una piedra que construya lo que fui.

Destruimos lo que construimos
cada vez que nos vemos
encerrados bajo el yugo de la realidad
que nos impide celebrar la libertad.

Me gusta construir cuando quiero
y destruir todo aquello que me miente.
Me gusta tu sonrisa sincera
cuando dice que soy única en su mente.

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